Todavía existe una vieja herencia cultural que dice que el urólogo es el médico al que se acude a cierta edad. En realidad, es el especialista que sigue a los hombres en todas las etapas de la vida.
En concreto, es a partir de los 40 años cuando los hombres deben empezar a pensar en la prevención urológica y, por tanto, en las revisiones periódicas, al igual que hacen las mujeres con su ginecólogo.
Datos recientes han demostrado que muchas enfermedades cancerosas y benignas pueden comenzar en este grupo de edad. La hiperplasia prostática benigna, por ejemplo, afecta al 5-10% de los hombres de 40 años y hasta al 80% de los hombres de 70 a 80 años. La prostatitis, en cambio, afecta a los hombres de entre 30 y 50 años, alcanzando su punto máximo en torno a los 40 años.
Los tumores de testículo también afectan cada vez más a los hombres de 40 años. En el grupo de edad de hasta 50 años son el tipo de cáncer más frecuente (12% de todos los diagnósticos de cáncer en hombres).
Pero incluso antes de los 40 años, sobre todo durante la pubertad, es una buena práctica programar una visita al urólogo. Dado que el servicio militar ya no es obligatorio y, por tanto, ya no se exige, problemas como el varicocele, uno de los motivos más comunes de infertilidad, a menudo sólo se descubren años después.
Examen urológico: en qué consiste
El especialista recaba primero información sobre el estado de salud de la persona y los posibles antecedentes familiares de enfermedades urológicas.
A continuación se lleva a cabo el examen urológico. Se examinan la parte superior del abdomen y la parte inferior de la espalda para detectar anomalías como la hinchazón.
Por último, para comprobar la consistencia de la próstata y la presencia de cualquier anomalía, se realiza un tacto rectal (el médico introduce su dedo índice cubierto con un guante de látex en el recto). Este examen es especialmente importante para la detección temprana del cáncer de próstata.
Examen urológico: ¿con qué frecuencia debe realizarse?
Todos los hombres mayores de 40 años deben someterse a exámenes urológicos periódicos. La frecuencia de estos exámenes puede variar, por consejo del especialista, especialmente en presencia de factores de riesgo como:
- Obesidad;
- Fumando.
Antecedentes familiares de enfermedades urológicas, especialmente cáncer de próstata.
¿Has visto alguna vez a un urólogo? Estos son 5 síntomas que no hay que subestimar:
Si nunca has acudido al urólogo, hay 5 síntomas que no debes pasar por alto y para los que sería recomendable acudir a un especialista:
- Trastornos del tracto urinario inferior (incapacidad de orinar a pesar de la urgencia, micción frecuente, urgencia de orinar, dolor al orinar, dolor en la región pélvica y lumbar);
- Hematuria o sangre en la orina;
- Deficiencia eréctil;
- Cólico renal;
- Incontinencia urinaria.
Es importante destacar que el diagnóstico precoz es un arma formidable para minimizar los riesgos de problemas graves de próstata. Esto se aplica tanto a los tumores como a la hiperplasia prostática benigna, y a sus consecuencias para la vida sexual y la fertilidad masculina.
A este respecto, les recuerdo que el cáncer de próstata es actualmente el más frecuente entre los hombres. En particular, son los hombres de más de 50 años los que corren mayor riesgo, no sólo de padecer cáncer de próstata, sino también hipertrofia prostática.
Por este motivo, a partir de los 50 años, se recomienda encarecidamente realizar pruebas específicas para investigar la salud de la próstata, incluso en ausencia de síntomas. Además, ante cualquier problema de la próstata o de la esfera genitourinaria, la buena costumbre de acudir al urólogo -que es el especialista de referencia para las vías urinarias y el aparato genital masculino- también debería estar extendida entre los adultos jóvenes.
Dicho esto, veamos con más detalle las pruebas que pueden utilizarse para evaluar la salud de la próstata.
Para un diagnóstico correcto y precoz de la enfermedad de la próstata, el urólogo puede utilizar varias pruebas. Entre ellas, las más conocidas y a veces temidas son: la dosificación del PSA, la exploración rectal digital de la próstata, la ecografía transrectal de la próstata y, posiblemente, la biopsia de la próstata.
Gracias a estos exámenes, a menudo es posible diagnosticar enfermedades de la próstata en una fase temprana, que aún no es complicada y, por tanto, fácil de tratar. Basta pensar en la importancia de la detección precoz en el caso del cáncer de próstata; en tales circunstancias, la identificación de la enfermedad en sus primeras fases casi siempre garantiza una curación completa.
Por este motivo, el tacto rectal y la prueba del PSA son pruebas de detección del cáncer. Me gustaría abrir un pequeño paréntesis. Me gustaría recordar que el cribado es una estrategia que consiste en realizar exámenes médicos de barrido a una población específica considerada de riesgo, con el fin de identificar una determinada enfermedad en sus fases más tempranas.
Por ejemplo, en lo que respecta a la población femenina, la prueba de Papanicolaou es un método de cribado utilizado para identificar el cáncer de cuello uterino, mientras que la mamografía está indicada para diagnosticar el cáncer de mama.
En concreto, la prueba de Papanicolaou se recomienda cada tres años a partir de los 25 años, mientras que la mamografía se recomienda a todas las mujeres de 50 años o más cada dos años.
Una prueba de cribado habitual, tanto para hombres como para mujeres, es la del cáncer de colon; concretamente, a partir de los 50 años, se suele recomendar una prueba de sangre oculta en heces una vez al año, que puede sustituirse por una sigmoidoscopia cada 5 años o una colonoscopia cada 10 años.
En el caso del cáncer de próstata, la validez del cribado sigue siendo objeto de debate. Además de los indudables beneficios de la detección precoz, hay que tener en cuenta los riesgos del sobretratamiento, es decir, el riesgo de tratar tumores de próstata que no requieren tratamiento porque su progresión es tan lenta que no afectan a la supervivencia del paciente.
Estos tratamientos no sólo son innecesarios, sino también contraproducentes, ya que aumentan los costes de la sanidad pública y son una fuente de ansiedad, preocupación y posibles complicaciones postoperatorias para el paciente.
En cualquier caso, la exploración digital rectal de la próstata y la prueba del PSA suelen formar parte del examen urológico rutinario y deberían realizarse siempre en determinadas categorías de pacientes «de riesgo» por sus antecedentes familiares, sus síntomas urinarios y su origen étnico.
Para concluir, me gustaría señalar que el cribado no es sinónimo de diagnóstico; los exámenes de cribado, de hecho, tienen como objetivo identificar en una población considerada de riesgo a aquellos individuos en los que ese riesgo es mayor.
En otras palabras, dar un resultado positivo en una prueba de cribado significa simplemente que es conveniente realizar más investigaciones médicas. Estas pruebas adicionales confirmarán o negarán la presencia de la enfermedad.
La prueba más sencilla y más discutida para la salud de la próstata es la prueba del antígeno prostático específico (PSA). Se toma una simple muestra de sangre para medir sus niveles plasmáticos.
Como recordatorio, el PSA es una enzima producida por las células de la próstata para mantener el flujo del líquido seminal. Incluso en condiciones normales, puede detectarse una pequeña cantidad de PSA en la sangre. Sin embargo, cuando estos valores superan el umbral de 4 nanogramos por ml de sangre.
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